Una región telúrica desde el enfoque sociocultural
La región telúrica como región decolonial desde el paradigma sociocultural pretende, como lo propone Haesbaert (2021), apartarse de las ideas de región correspondientes a la tradición occidental orientadas en su origen y objetivos por diferentes intereses geopolíticos, como sucedía con la geografía colonial, que se ocupaba de documentar los bienes, recursos, lugares y pueblos, con fines económicos, políticos y de dominación. En este tipo de estudio, menciona el autor que los nuevos territorios explorados y desconocidos se denominaban “regiones naturales” para ser declaradas “tierra de nadie”, lo que ignoraba la presencia de pueblos originarios y su diversidad, para de esta forma poder asignar la propiedad a alguien. Era, por lo tanto, una regionalización desde el poder conforme a sus necesidades administrativas, militares y comerciales, sostenida por una idea de región instrumentalizada que sirvió a la expansión colonial, es decir, desde arriba. Por el contrario, desde la perspectiva decolonial, la región se observa como una categoría de práctica o vivida por los grupos sociales que la componen (Haesbaert, 2021, p. 248). En este sentido, la región telúrica emerge desde abajo, en donde una:
Regionalización o articulación regional “desde abajo” [es] una forma de pensar/representar –y actuar en– el espacio a partir de una lectura integrada de sus múltiples dimensiones. En este caso, nuevas articulaciones (tanto intra como inter) regionales pueden ser la base esencial para la construcción de nuevas prácticas espaciales de poder, es decir, de una nueva territorialización más alternativa […] podemos encontrar problemas al intentar regionalizar dentro de un criterio estándar que reconozca la acción, no solo de los grupos hegemónicos, sino también de los subordinados (Haesbaert, 2021, p. 262).
De este modo, descolonizar el concepto de región es un asunto que hace parte de revisar y “contextualizar la construcción de nuestras epistemologías en el espacio, el tiempo y problematizar el carácter a menudo excesivamente universalizador de una cierta lectura racionalista eurocéntrica” (Haesbaert, 2021, p. 241). Para concluir y orientar la práctica de la regionalización con este propósito, el autor sugiere tres aspectos necesarios para lograr construir una región decolonial: a. Cuestionar las afirmaciones excesivamente generalizadoras de la colonialidad del poder que impone un criterio estándar universal de regionalización sin considerar diferentes formaciones espacio-temporales. b. Valorar otras materias y conocimientos, “locales/regionales”, en una regionalización (también) “desde abajo”. c. Incorporar con mayor énfasis las dimensiones étnicas y de género en las regionalizaciones, precisamente aquellas que, especialmente en América Latina, están más vinculadas a grupos subordinados (Haesbaert, 2021, p. 263).
En este mismo sentido, se retoma a Albán-Achinte (2013) ya que puede complementar la conceptualización de la región desde lo telúrico como una forma de emancipación de ese universalismo y racionalismo eurocéntrico:
Si la modernidad emancipó al sujeto de sus creencias, propongo entonces emanciparnos de la emancipación occidental para que lo telúrico construya sentidos, las emociones revolotean sin límites establecidos, la imaginería nos surque hasta las entrañas y lo enigmático se convierta en una posibilidad de asomarnos a formas otras de existir (Albán-Achinte, 2013, p. 449).
De este modo, la región telúrica toma un carácter de emancipación y de ruptura frente a la categoría de región concebida en su forma clásica, es telúrica porque se hace presente cuando las estructuras tiemblan, y es en este punto que se hace necesaria la mirada sobre la acción humana. Hay que reconocer que para comprender esta región, no solo hay que dar un giro en la forma de concebir la región, sino en la manera de analizar el vínculo indisoluble entre el territorio y sus comunidades.
En esta idea, los procesos personales y comunitarios influyen y transforman los territorios, aquí es donde cobra importancia la agencia y la acción humana. Por este motivo, el “corazonar” que propone Guerrero-Arias (2010) permite conectar con estos procesos dentro de la región telúrica. El autor propone este concepto, al observar que la matriz colonial-imperial tomó el control más allá del territorio y se extendió sobre todo, incluidos los saberes, los cuerpos, las subjetividades, las afectividades y la vida. Plantea entonces que el camino a la decolonialidad, no solo del saber, sino de todos los aspectos del ser humano, está trazado por el reconocimiento de la afectividad y de las emociones en respuesta a la imposición cartesiana de separar la emoción de la razón, y cuestiona el propósito de la ciencia en su pretendida objetividad. De este modo:
Corazonar constituye una respuesta política insurgente frente a la colonialidad del poder, del saber y del ser, pues desplaza la hegemonía de la razón, y muestra que nuestra humanidad se erige a partir de la interrelación entre la afectividad y la razón, y que tiene como horizonte la existencia. De ahí que Corazonar el sentido de las epistemologías dominantes desde las sabidurías insurgentes pueda contribuir a la construcción, no sólo de una distinta propuesta académica y epistémica sino, sobre todo, de sentidos otros de la existencia (Guerrero-Arias, 2010, p. 83).
Es por eso que la región telúrica se construye desde la ruptura con la prevalencia de la racionalidad y conecta también, a partir de la afectividad y la emotividad, para considerar las diversas formas de vivir el espacio y en el espacio. Retomar el concepto de “corazonar” como uno de los fundamentos teóricos en la forma de concebir la región telúrica implica un sentido profundamente político, en tanto es esa interrelación entre la afectividad y la razón que propone Guerrero-Arias (2010) la que permite la empatía, la comprensión y, sobre todo, desentrañar las lógicas que motivan las manifestaciones de insurgencia simbólica.
Para explicar el sentido político de Corazonar la razón, es necesario recordar su relación con el término sentipensar, que explicado de manera muy breve, propone pensar con el corazón y sentir con la razón, una postura epistemológica que obliga a reconfigurar la razón occidental, por lo cual se hizo central dentro de la tradición decolonial desde que fue retomado por Fals-Borda (2007) en los años setenta, cuando lo descubrió como eje fundamental del pensamiento de las comunidades de las riveras de los ríos del Caribe colombiano.
De este modo, sentipensar y corazonar constituyen dos orientaciones esenciales en la construcción de la región telúrica, pues es una región que por una parte, desde su episteme se aparta del tradicional concepto de región y de las formas de estudiarla, y por otra parte, exige una lectura diferente del fenómeno analizado, sin perder de vista el sentido político de las insurgencias simbólicas y la necesidad de descolonizar el espacio, la memoria y la historia. Guerrero-Arias (2010) sostiene que la colonialidad ha determinado y sigue determinando la existencia de los pueblos colonizados, a pesar de que generalmente, se asume que la colonia terminó con la independencia. Para sustentar esto, retoma la diferenciación clara entre colonialismo y colonialidad, que propone la teoría decolonial, en la cual el colonialismo, “hace referencia a un momento histórico marcado por la dominación, la administración política, económica, cultural, etcétera, de determinadas metrópolis sobre sus colonias pero que no adquirió un carácter universal, y que, supuestamente, terminó con la independencia” (p.84) y la colonialidad, que
Se refiere a un proceso de dominación que no ha concluido, que se inició con la conquista y permanece vigente. Es una realidad de dominación y dependencia a escala planetaria y universal, que sobrepasó el periodo colonial, se mantuvo en el periodo de surgimiento
de los Estados nacionales y continúa operando en la actualidad con el capitalismo global-imperial. (Guerrero-Arias, 2010, p. 84).
Desde la postura epistemológica decolonial de la región telúrica, y de acuerdo con Guerrero-Arias (2010), aunque se asume que el colonialismo terminó, la colonialidad no se acabó con los procesos de independencia y formación de las nuevas naciones. Cambió de manos la administración, pero no cambiaron las relaciones de poder, continuó la colonialidad criolla elitista, bajo otras formas administrativas, estrategias de expropiación y explotación a nivel nacional y posteriormente, se internacionalizó y globalizó gracias a la alianza de estas mismas élites con naciones imperialistas y neocolonialistas del Norte Global. Adicionalmente, en la región telúrica en el Sur-Sur, se reconoce la condición estructurante de la colonialidad y la vigencia de la misma, de donde surge la necesidad de la decolonialidad, que pretende,
Transformar de manera radical las subjetividades, los imaginarios y las sensibilidades. Por eso hace de la existencia su horizonte, para lograr la recuperación de la humanidad y de la dignidad negadas por la colonialidad. La decolonialidad se plantea la lucha por un horizonte otro de civilización y de existencia. (Guerrero-Arias, 2010, p. 84).
En esta medida, la región telúrica en el Sur-Sur es decolonial porque es emotiva, en ella, conmoverse, indignarse, reconocer el dolor y la alegría, la euforia y la frustración, la nostalgia, la tristeza, el duelo, pero también la esperanza, la utopía y la ilusión, son parte constitutiva de su existencia, de su ser y su razón de ser. El coraje y el valor se hacen presentes, el ímpetu de lucha, el valor de lo simbólico, de lo performático, el cuerpo en acción, la región telúrica emerge y se vive a través del cuerpo, y de los cuerpos que se unen, avanzan, se defienden y se enfrentan. Se mueven con decisión atravesando la delgada línea entre la vida y la muerte.
En la región telúrica se reclama por la sangre derramada; se grita y se canta por justicia; se exige por el trato digno y humano; se encienden velas por los que ya no están; se tapizan las calles, los muros y las barricadas, con carteles que llevan los nombres y las fotos de los desaparecidos; se siembran cruces por los que no volvieron a casa, por los que murieron dando la batalla; se izan, se sostienen y se abrazan las banderas que representan la libertad; los monumentos son vehículos de la memoria, pero de la memoria de los olvidados. Concebir la región desde lo telúrico abre la posibilidad de experimentarla, transitarla y conocerla, a partir de percibir y observar los movimientos que le van dando forma a sus paisajes y de las fuerzas que allí convergen.
De este modo, es que desde la complejidad de esta región sociocultural de corte decolonial es posible hacer lecturas sensibles y empáticas para comprender los sentidos de la memoria, la importancia del recuerdo, la necesidad de no olvidar para no repetir, de reparar, de contener y acompañar. El reclamo por reconocer los duelos inconclusos y las heridas abiertas por el silenciamiento, el ocultamiento y el encubrimiento.
Descolonizando el método histórico documental en la Región Telúrica: sentipensar, indisciplinar y corazonar
La región telúrica en el Sur-Sur es una región que epistemológica y teóricamente, transita en tres paradigmas afines de los Estudios Regionales: participativo posmoderno oposicional, poscolonial y decolonial, por lo tanto, la metodología, los métodos, técnicas e instrumentos, deben mantenerse en congruencia para lograr conseguir los objetivos, como lo explica Sautú (2005):
Teoría‐objetivos‐metodología deben estar articulados entre sí. Las teorías tienen implicaciones metodológicas; por lo tanto, resulta imprescindible tenerlas en cuenta en el momento de evaluar nuestro objetivo de investigación. Ellas son dimensiones generales que trascienden las teorías o posiciones epistemológicas específicas, aunque cada teoría específica o posición teórico‐metodológica asume o adhiere explícitamente a posiciones en cada una de ellas (p.18).
De este modo, se plantearon los métodos que condujeran a responder la pregunta que dio origen a esta investigación, sobre ¿cómo se conceptualiza, se constituye, y se configura la región telúrica en el Sur-Sur? Sin embargo, en este punto cabe anotar, que la región telúrica en el Sur-Sur está compuesta por múltiples movimientos sociales que tienen en común una confrontación directa con las prácticas derivadas de la matriz moderno colonial capitalista patriarcal, por lo tanto, para el recorte de este estudio la regionalización se hizo a partir de las manifestaciones de insurgencia simbólica, producto de la agencia intersubjetiva de comunidades indígenas latinoamericanas, a finales del siglo XX y principios del XXI.
La unidad de análisis de esta investigación cualitativa histórica fue de observación documental situada en archivo, prensa, publicaciones oficiales y textos bibliográficos. Si bien, el método histórico-documental corresponde a las formas tradicionales de hacer historia como disciplina que registra y estudia eventos del pasado, desde la episteme decolonial es posible utilizarlo, siempre y cuando esta construcción de la historia sea crítica frente a la matriz moderno/colonial/capitalista, se acoja a los postulados del giro decolonial y, en el caso del estudio de pueblos originarios, considere los principios propuestos por sus académicos e investigadores para el análisis de fuentes y producción de resultados.
En este sentido, para el estudio de la región telúrica en el Sur-Sur, como estudio regional, la metodología transitó en tres estadios:
- Pensar en un método histórico regional diferente al tradicional
Para ello, se partió de lo que Miño-Grijalva (2002) propone para lograr una integración y un consenso en la historiografía regional, para lo cual considera cinco aspectos fundamentales: a) estudiar los procesos históricos introduciendo sistemáticamente el espacio como un elemento analítico; b) el objeto de estudio de la historiografía regional será la sociedad regional; c) el espacio regional estaría determinado por la sociedad regional y no a la inversa; d) la sociedad regional y el espacio que ocupa son segmentos de una sociedad y de un espacio más amplio, y e) la sociedad regional y el espacio que ocupa cambian con el tiempo. El autor, además, resalta la importancia de la globalidad y la multideterminanción de los procesos sociales como un aspecto relevante en la construcción de la historia regional.
- Diseñar un método histórico regional decolonial
Al método propuesto por Miño-Grijalva (2002) se le incorporaron tres conceptos orientadores de la teoría y la metodología decolonial: sentipensar, indisciplinar y corazonar, que en términos generales pretenden cuestionarse sobre la prevalencia de la razón en el mundo académico occidental para abrir caminos hacia la sensibilidad y otras formas de ser, estar y pensar el mundo.
En la actualidad el concepto sentipensar, que tiene su origen en las comunidades anfibias del Caribe colombiano como una forma de concebir la existencia y que Fals Borda (2007) retomó para sus explicaciones sociológicas, se ha popularizado, y ha sido utilizado por académicos y activistas indígenas, afrodescendientes, ambientalistas y feministas. Como por ejemplo, en los feminismos decoloniales que proponen sentipensar el género donde investigadores indígenas como: Georgina Méndez Torres, Juan López Intzín, Alicia Lemus Jiménez, Mónica Elena Ríos, entre otros (Méndez, López, Marcos y Osorio, 2013) consideran,
Imprescindible conocer, analizar, reflexionar, discutir, aprender, cuestionar y visibilizar las estrategias que las mujeres han tenido para despertar del letargo colonial de opresión, sin que por ello niegue las múltiples aristas de la opresión y de la subalternización de los conocimientos. Hoy por hoy, las mujeres han creado espacios para el diálogo, para el aprendizaje de otros mundos, han creado metodologías desde el sentir, del despertar de la creatividad, de sentir los sentidos, del corazonar de las metodologías. (Méndez, 2013, p.36).
Por otra parte, académicos como Arturo Escobar (2014) y su idea de sentipensar con la tierra para trabajar los temas ambientales derivados de la separación hombre – naturaleza, y de las consecuencias de las campañas desarrollistas en los ecosistemas; o Catherine Walsh (2019) cuando se refiere a sus reflexiones sobre su lugar en el mundo y la radicalización de su sentipensar frente al sistema dominante indiferente ante la muerte. Menciona también, la institucionalidad de la universidad y su “ethos blanco-mestizo, masculino y heteropatriarcal, su indiferencia intelectual, su ceguera frente a la realidad y sus complicidades crecientes con el sistema violencia-guerra-muerte que hoy es la modernidad/colonialidad/capitalismo global” (p. 95).
De esta forma, este concepto que algún día nació en medio de la cotidianidad se ha convertido en la base de múltiples reflexiones teóricas, prácticas y metodológicas de estudiosos de diferentes campos del conocimiento, de artistas, literatos, pensadores, de lo que Fals Borda llamó una generación activa y sentipensante. Además, de ser en la actualidad una noción vertebral para el pensamiento y la práctica decolonial.
Indisciplinar las ciencias sociales es otra de las propuestas que ha sido vertebral para estudiar la región telúrica, pues,
Se refiere a la necesidad de hacer evidente el disciplinamiento, las disciplinas y las formaciones disciplinarias que se han venido construyendo en las ciencias sociales desde el siglo XIX pero especialmente en su institucionalización en América Latina en el siglo XX, y hacer resaltar su legado colonial (Castro-Gómez, Schiwy y Walsh, 2002, p.13).
Esta indisciplina cuestiona la colonialidad del poder que marca diferencias étnico-raciales; que concibe un solo camino de desarrollo que sigue a Europa como modelo y pone los demás proyectos en una escala temporal de atraso; que valida el conocimiento científico como el único y considera al resto en un estado pre-científico; que privilegia a la escritura sobre la oralidad. En este sentido, “indisciplinar significa desatar las fronteras de las ciencias sociales que cercan la producción y distribución del conocimiento y las ‘regiones ontológicas’ de lo social, lo político y lo económico” (Lander, 2000 como se citó en Castro-Gómez, Schiwy y Walsh, 2002, p.13). La indisciplina, replantea relaciones “propone romper con las tendencias modernistas de las ciencias sociales que dividen y distancian el sujeto y el objeto de conocimiento para, así replantear la relación dialéctica entre sujeto y estructura” (Castro-Gómez, Schiwy y Walsh, 2002, p.14). Al igual que una transformación en la relación Norte-Sur en las geopolíticas del conocimiento. Por una parte, el Sur deja de ser consumidor pasivo de teorías y pasa a ser productor de las mismas, lo que genera un nuevo polo en estas lógicas geopolíticas del conocimiento. Y por otra parte, se promueve la circulación de información en el sentido Sur-Sur. “Hacer ver” es una de las actividades indisciplinadas. Hacer ver el sexismo, las jerarquías etno-raciales, el colonialismo del poder, las geopolíticas del conocimiento, el eurocentrismo, el desprecio de la afectividad.
Sobre esto último, la afectividad, entendemos que desde la episteme moderno/colonial instrumental al poder, se niega, invisibiliza y desecha aquello que no le sirve. Y “Una de las formas más perversas de la colonialidad del poder y del ser ha sido la negación de la afectividad en el conocimiento al fragmentar la dimensión de lo humano en nombre de la razón cartesiana occidental hegemónica” (Guerrero-Arias, 2010, p. 83), lo que el autor denomina “la colonialidad de la afectividad”. Por lo tanto, desde el Corazonar se pretende encontrar otros caminos epistemológicos de existencia y de re-existencia, que resultan insurgentes frente a la dominación de la razón, es por esto, que es una respuesta política frente a esta colonialidad del poder, del ser y del saber.
Guerrero-Arias (2010) habla de la fuerza de la afectividad y de la fuerza insurgente de la ternura, son fuerzas que mantienen viva la esperanza, son las que le dan sentido a seguir con vida a pesar de las adversidades, a recuperar la voz. A que se mantenga el deseo de cantar, bailar, amar y creer. Son esas luchas de las que habla el Viejo Antonio, el líder indígena chiapaneco zapatista, las que sólo pueden “hacerse desde lo más profundo del amor, amor a la humanidad, amor a nuestra tierra, amor a nuestros muertos” (p.93).
Pueblos como el Kitu Kara, “hacen de la afectividad el centro de su propuesta política en su lucha por existir” (Guerrero-Arias, 2010, p.92), el encuentro por Corazonar la vida (2010), es una expresión de “la dimensión espiritual de la lucha política y de la dimensión política de la espiritualidad”. (p.92). En estas múltiples significaciones de lo afectivo dentro de los pueblos originarios, para el pueblo Nasa el corazón es una parte esencial de la existencia y de la sanación de la tierra, “Se ha dicho por los y las liberadoras de la Madre Tierra […] que sanar la enfermedad de la tierra, depende de sanar el corazón de nosotros sus hijas e hijos” (Zamora-Sánchez, 2018, p.112) pues para ellos “es el corazón enfermo de capitalismo el que enferma a Nabgwana. Es la hidra capitalista habitando nuestro corazón desde donde puede operar a su antojo” (p.109).
- Alineación con los principios propuestos por los pueblos indígenas para la investigación
Por último, para completar un método decolonial enfocado a los pueblos originarios y sus acciones, se incluyeron los principios propuestos desde los colectivos de pueblos originarios para la adaptación de metodologías de investigación a los propósitos y perspectivas decoloniales. Que en un breve resumen, tienen que ver con las formas de trabajar durante procesos de estudio e investigación con comunidades indígenas. En ellos se establece cómo deben darse las relaciones entre investigadores y comunidades; cómo evitar prácticas irrespetuosas, extractivistas y violentas; a evaluar el aporte que les representa a los grupos indígenas el participar en procesos de investigación; orienta la práctica de la investigación hacia una participación activa en la construcción de conocimiento, diálogo entre saberes y escucha activa. Es una invitación a abandonar la idea del papel pasivo del investigado como objeto de estudio y más bien formar una red de intercambio de ideas, saberes y conocimientos, mediada por el afecto y el respeto. (Meza-Guzmán, Delgado, Shuñaqui-Sangama, Vásquez- Fernández, Castro-Mayo y Reserva Comunal ECA Amarakaeri, 2021).
De este modo, se llevó a cabo el proceso de construcción teórica y metodológica del método histórico regional para la región telúrica, con el propósito de leer las acciones e intervenciones en monumentos y espacio público en una clave diferente al vandalismo o la iconoclasia, encontrar las lógicas y motivaciones de las insurgencias simbólicas y comprender sus diversas manifestaciones.
Cartografía de la región telúrica en el Sur-Sur
La región telúrica en el Sur-Sur, es la aplicación de la región telúrica como forma de estudio regional situado espacial y temporalmente, enfocada en explicar la intervención, modificación y derribo de monumentos en el Sur Global, en particular en Latinoamérica, región que hace parte y se encuentra conectada a otros sistemas regionales. Por lo tanto, identificar sus sistemas y escalas regionales permite, por un lado contextualizarla y por otro, identificar la tectónica regional, la morfología del paisaje y sus estructuras, las sedimentaciones, los ciclos, los actores, los objetivos y motivaciones, es la forma de conocer cómo funciona, cómo opera, cuáles son sus dinámicas intra e interregionales, conexiones, redes, formas de distribución de la información y sus alcances.
En cuanto a los sistemas y escalas regionales (Figura 1), esta región se encuentra ubicada dentro del sistema regional simbólico Sur Global, en contraparte al Norte Global como otro sistema regional simbólico, en donde su correlación y coexistencia se configuran de forma bilateral y bidireccional, mediadas por una relación asimétrica de poder, en la cual el Norte Global se posiciona en un lugar de superioridad ontológica y epistemológica, y ejerce su dominio y autoridad de forma vertical. En tanto, el Sur Global confronta y cuestiona las prácticas, pretensiones y conceptualizaciones que el Norte Global tiene frente a este.
Esta configuración regional, encuentra su origen en lo que Wallerstein (2005) ha caracterizado como el moderno sistema-mundo o la economía-mundo, una formación económica y política de orden global que se consolidó en el siglo XVI, después de la expansión del imperio español a ultramar y que fue la base para el establecimiento del capitalismo. Este análisis de los sistemas-mundo, tiene relación con otros estudios económicos y con los conceptos derivados de ello.
En primer lugar, retomó el análisis de Fernand Braudel (1970) respecto al establecimiento y expansión del capitalismo europeo y su relación con las estructuras de larga duración. Posteriormente, se complementó con otras dos teorías económicas propuestas por un grupo de economistas de la Comisión Económica para América y el Caribe CEPAL: la primera, en cabeza de Raúl Prebisch, es la relación centro-periferia que plantea la división de los países del mundo en países de centro y países de periferia, de acuerdo a las condiciones económicas establecidas históricamente respecto a los procesos de producción, de mercado, de acumulación de capital y desarrollo tecnológico. Lo que guarda una estrecha relación con la formación de los actuales Sur y Norte Global.
Y la segunda: la teoría de la dependencia, una propuesta que complementa a la anterior y que explica la subordinación sistemática de los países “subdesarrollados” a los países “desarrollados” y cuestiona la idea de la inevitable transición del feudalismo al capitalismo europeo, independientemente, de la relación con los países periféricos; expone las relaciones desiguales de poder entre unos y otros países, no limitadas a lo económico sino, que se extienden a lo político, lo cultural, lo educativo y cualquier otro aspecto del desarrollo humano y evidencia por qué a las naciones que detentan el poder les conviene mantener en estado de dependencia a los países más pobres, pues estos proveen recursos, mano de obra barata y son objetivo comercial para mercancías y tecnologías obsoletas.
Frente a estas relaciones injustas, desiguales y opresivas, es que emergen los movimientos sociales que confrontan, cuestionan y toman acciones, es por esto que en el Sur Global la región telúrica tiene una presencia constante y activa.
Es importante, aclarar que este Sur Global, no se limita a la ubicación geográfica en el hemisferio Sur del planeta o a una relación arbitraria con los países periféricos y semiperiféricos del sistema-mundo, por el contrario, como lo explica de Sousa (2014) se refiere a una condición. Pues en él, se ubican todas aquellas personas y colectivos subalternizados por el sistema colonialista, imperialista, capitalista o neoliberal, con los diferentes nombres o connotaciones históricas que ha tenido. Destaca en ello, que la relación entre el Norte y el Sur, desde que inició en 1492, ha sido en buena medida, de explotación y despojo.
En este sistema, el Sur Global, ha recibido diferentes nombres a lo largo de la historia: colonias, Tercer Mundo, Países Subdesarrollados, Países en Vías de Desarrollo, Países No Alineados, Sur, Sur-Sur. Por su parte el Norte Global se ha llamado a sí mismo: Primer Mundo, Países Desarrollados u Occidente, relacionado generalmente con los países centrales, imponiendo un modelo uni-versal de civilización e ideal de desarrollo, mientras que el Sur, en su modelo, se encuentra en franca desventaja de acuerdo a estos estándares.
En la figura 2, se hace una breve caracterización del Sur y el Norte Global y sus diferencias más radicales, con el fin de señalar aquellos aspectos relevantes para la comprensión de la relación desigual que mantienen.
Cabe anotar, que estos dos sistemas regionales no son monolíticos, ni homogéneos, pues cada país del Sur o del Norte, tiene sus propias singularidades sociales, culturales y particularidades históricas. Sin embargo, sí se pueden observar rasgos generales que permiten una regionalización, que parte de esta división histórica que ha marcado de diversas formas tanto al Norte como al Sur.
En el Sur, la condición colonial ha dejado una herida abierta, es un hecho que aún sigue vigente el colonialismo, y que la colonialidad del ser, el saber y el poder, está presente en todos los aspectos de nuestra vida. Allí, es donde realmente radica la razón de ser de la región telúrica en el Sur-Sur y desde donde se conecta con otras regiones telúricas del Sur como la de Sudáfrica con el movimiento Rhodes Must Fall y el Black Lives Matters en Estados Unidos, Canadá y Europa.
Tres regiones que protestan por la justicia social, por la revisión de la historia y la memoria, para que no se sigan honrando personajes que en sus campañas colonialistas cometieron un sinnúmero de crímenes y abusos dirigidos a los pueblos originarios y comunidades de africanos y afrodescendientes. Son movimientos que luchan por la revaloración del patrimonio, sin embargo, estas acciones son sólo la parte visible de lo invisible, es decir, todos aquellos reclamos de desigualdad y violencia estructural, discriminación, pobreza, explotación, además de todos aquellos encubrimientos, como los llama Dussel (1996), del ser y el saber.
Estas regiones en algunos casos interactúan, se refuerzan, se influyen y se asocian, pueden encontrarse algunas alianzas entre ellas como entre Black Lives Matters y Rhodes Must Fall, que con el fin de hacer que su voz se oiga más fuerte, se convocan entre sí y convocan otras regiones que se solidarizan con su causa. En todo caso, si no hay una relación directa entre regiones, sí se encuentran coincidencias en sus objetivos y motivaciones, acciones insurgentes, ideales, esperanzas y reclamos históricos, como en el caso de la región telúrica en el Sur-Sur y Rhodes Must Fall, que comparten más un vínculo simbólico.
En tanto Black Lives Matters, como región telúrica tiene gran influencia en la región telúrica en el Sur-Sur. Su existencia, como todas las regiones telúricas tiene su origen en un sismo, un acontecimiento que mueve la historia y la sensibilidad social. Esta vez el epicentro, Estados Unidos, choca la placa-matriz afroamericana/antirracista con la placa-matriz moderno/colonial/capitalista en su versión de la justicia tiene color, tras la absolución de George Zimmerman en 2013 luego de asesinar a Trayvon Martin en 2012. En ese momento, Alicia Garza, una de las tres activistas afroamericanas que fundaron el movimiento, publicó en redes sociales digitales la etiqueta #blacklivesmatter, la cual tuvo una amplia resonancia, y con ella, se sumó un gran número de personas a su causa. En 2014 volvió a removerse la región tras las muertes de Michael Brown en Misuri y de Eric Garner en Nueva York. En 2015 acompañaron y fortalecieron el movimiento Rhodes Must Fall en Sudáfrica y se realizó la primera convocatoria nacional en Cleveland. En 2017 el movimiento se transformó en la Fundación Black Lives Matter Global Network que actualmente, tiene sede en Reino Unido, Canadá y Estados Unidos, y donde en conjunto con Alicia Garza, trabajan Patrisse Cullors y Opal Tometi.
En cuanto a la tectónica regional de la región telúrica en el Sur-Sur, esta se explica de manera metafórica como igual a la corteza terrestre, que está conformada por placas tectónicas que están en constante movimiento. La región telúrica puede estar constituida por dos o más placas-matrices que experimentan interacciones de choque entre ellas, y que dan como resultado una voluntad de cambio en los órdenes establecidos, que para este caso, se manifiesta a través de la modificación, intervención o derribo de uno o varios monumentos. En este sentido, es importante considerar que las regiones telúricas pueden tener configuraciones de placas-matrices diferentes, que traerían como resultado estos efectos disruptivos, los cuales se presentan en formas de insurgencias simbólicas,
resistencias, luchas armadas, partidos políticos de oposición, revueltas, revoluciones, atrincheramientos, terrorismo y otras diversas formas de expresar la inconformidad frente a las formas de dominación, opresión, autoritarismo, explotación, exclusión y discriminación, por mencionar algunas.
Es fundamental tener en cuenta que se han denominado regiones telúricas, entre otras razones, porque son movimientos estructurales que surgen desde abajo, desde la base social, de abajo hacia arriba, no desde las clases dirigentes, privilegiadas o con poder, donde sería un movimiento de arriba hacia abajo, esta es una aclaración importante a la hora de diferenciar las motivaciones para destruir o conservar un monumento, y el tratamiento que se le da al mismo luego de ser modificado, intervenido o derribado. Al ser movimientos que emergen desde la base, los paisajes de la región telúrica están configurados por las alteraciones en el relieve de la superficie social y cultural, producto de las sacudidas que ocurren al liberar tensiones acumuladas por largos periodos de tiempo, tal como, los movimientos telúricos que dan origen a diversas formaciones en la corteza terrestre que modifican el paisaje de manera permanente e irreversible.
De este modo, en la región telúrica como herramienta metodológica, un primer paso es identificar la tectónica de la misma, es decir cuáles y cómo son las placas-matrices que están interactuando. En el caso de la región telúrica en el Sur-Sur como parte de un estudio regional, podrían revisarse las insurgencias simbólicas y los movimientos indígenas, como una subregión situada, pero no exclusiva, ya que puede coexistir con otras subregiones telúricas en un mismo espacio.
En este sentido, la subregión telúrica o fragmentación tectónica analizada obedece a la necesidad específica de explicar las motivaciones y formas de insurgencias simbólicas que manifiestan las comunidades indígenas frente a los monumentos, a través de los cuales plasman expresiones, lenguajes, sentimientos, símbolos y significados propios. Se ha hecho evidente que en esta región hay un conjunto de placas-matrices que coexisten y se asocian, son placas-matrices hermanas o contiguas, que chocan con la placa-matriz moderno colonial capitalista como las placas-matriz de: movimientos feministas, afrodescendientes, grupos LGTTTBIQ+, jóvenes, estudiantes, obreros, trabajadores, campesinos, ambientalistas, entre otros.
En este sentido, es que se ha planteado una imagen de cómo se vería la cartografía de la región telúrica en el Sur-Sur en la figura 4, si ésta tuviese un espacio físico, si tuviese un territorio. En ella se imagina como se podrían representar las diferentes fragmentaciones tectónicas en las cuales cada grupo social emergente representaría un fragmento. Pero a la vez, todas unidas conforman la unidad de la región frente a la gran matriz moderno/colonial/capitalista, que aparece implacable y poderosa, uniforme e indestructible. En este ejercicio de representación gráfica de la configuración tectónica de la región telúrica en el Sur-Sur, se identifican las pequeñas placas que se mueven permanentemente, cambian, chocan entre sí, se descolocan, se asocian sin perder autonomía, emergen, se expanden, se contraen, pero no desaparecen, pueden continuar mediante otras formas de lucha o replegarse para sobrevivir a movimientos represivos.
Cada subregión está identificada con un color y una categoría en donde se agrupan bajo un criterio amplio las diferentes causas, propósitos y motivaciones. Allí, cada subgrupo, podría decirse que, opera como una localidad, con sus propios ciclos, acciones, formas de lucha, ideologías y paisajes.
El movimiento de las placas tectónicas, no es uniforme, hay zonas donde es muy lento y otras en las que es rápido, al igual que hay zonas en donde las placas chocan y otras donde no, estos movimientos tectónicos en la corteza terrestre “son los responsables de la aparición de montañas, volcanes, sismos, formación de plegamientos y fallas geológicas, expansión de océanos, desplazamiento de continentes y también está asociado a yacimientos minerales y petrolíferos” (Servicio Geológico Mexicano, 2017, p. 2), aunque las placas no choquen, sí se mueven constantemente, lo que genera modificaciones en la corteza de la tierra.
Esta teoría además, explica que la litosfera, se encuentra sobre la astenosfera que es una superficie semiplástica y caliente, producto de la actividad permanente del núcleo y el manto de la tierra, este núcleo sería entonces, la actividad humana.
Es preciso mencionar que la región telúrica siempre surge de un sismo original, se forma cuando hay un choque de placas-matrices, es decir necesariamente está mediada por el conflicto, es por definición un espacio de disputa y de confrontación único. Una región simbólica que emerge a partir de las acciones de dislocación del poder, de transgresión y de tensión frente a la autoridad. Lo que sucede al interior de la región telúrica no es posible fuera de ella. De este modo, en la región telúrica los agentes se enfrentan constantemente al poder y a la autoridad. Sin embargo, fuera de ella, las relaciones de poder son otras y las tácticas de resistencia diferentes. De lo contrario, hay otra clase de movimientos y por tanto de efectos sociales, como los préstamos, las adaptaciones, las reinterpretaciones o las apropiaciones culturales que suceden desde la mediación y la negociación, y además no interfieren con el curso del conflicto, lo que genera contradicciones, poli y ambivalencias, al militar en varios frentes aunque puedan parecer incompatibles entre sí.
En el caso de la región telúrica en el Sur-Sur, ésta surgió de un sismo original desencadenado, por la colisión entre la placa-matriz moderno colonial y la placa-matriz primigenia ancestral en 1492. Posteriormente, y a causa de los frecuentes choques, ésta última se fragmentó y dio origen a otras placas matrices, lo que generó el paisaje actual de la región telúrica. Que es una región liminal donde se manifiesta la actividad más intensa, en la que el paisaje de la protesta es el escenario principal, aunque no el único, en el que se hacen presentes las insurgencias simbólicas en monumentos y en el espacio público asociado.
De acuerdo a los grupos que la conforman y sus causas, la región telúrica en el Sur-Sur está dividida, como se explicó anteriormente, en subregiones que tienen en común la confrontación y el agrietamiento de la placa-matriz moderno/colonial/capitalista, y que derivan de estas placas-matriz diferenciadas en actores, ciclos, objetivos y motivaciones. Estas placas al ser contiguas se afectan entre sí, comparten sedimentaciones y pueden incluso chocar entre ellas y también fragmentarse. Como subregiones pueden generar conexiones, alianzas, acuerdos, acciones y estrategias conjuntas, establecer espacios de fronteras fluidas y porosas, en las cuales los actores pueden transitar entre unas y otras, para ser agentes polivalentes.
La región telúrica en el Sur-Sur es una región decolonial en dos sentidos, en primer lugar emerge con una clara intención descolonizadora en respuesta directa y confrontativa frente a una matriz moderno/colonial/capitalista, en la cual observamos en el análisis documental que el monumentalismo es parte de sus tradiciones, porque el monumento, tiene un carácter sintético, pues en él, se condensan valores, símbolos y significados. Los pueblos originarios comienzan a manifestarse a través de la modificación, intervención y derribo de los mismos, en medio de un contexto politizado en 1992 con el cumplimiento del V centenario de la llegada de Cristóbal Colón a este continente. Y por otra parte, es decolonial porque la región telúrica como herramienta teórica y metodológica, abreva en la teoría decolonial, pues a partir de ahí es que surge una postura crítica, ya no frente a las modificaciones, intervenciones y derribos de los monumentos, si no a la historiografía y los conceptos de historia, memoria y patrimonio que sostienen y mantienen la vigencia de los monumentos independientemente de los valores que representen.
Es desde la matriz moderno/colonial que el monumento se conserva sólo por el hecho de serlo. Se impone como un símbolo de identidad, de unidad, de unos valores nacionales que se supone representan a toda una nación, que representan la universalidad de las narrativas históricas y además, una memoria que se asumía incuestionable.
Conclusiones
El paisaje de la región telúrica tiene una morfología muy irregular, pues tiene un alto grado de actividad sísmica por la frecuencia y la intensidad de choque entre las placas que están en permanente movimiento. En consecuencia, emergen diferentes formas de acción social
de insurgencia, resistencia y activismo, que modelan el paisaje. Este, al igual que encontrar diferentes subregiones, fue uno de los hallazgos al transitar y observar la región telúrica en el Sur-Sur, pues inicialmente se pensó que el estudio de esta subregión podía limitarse a
las insurgencias simbólicas, que por su visibilidad se asociaron a los volcanes, y que en este sentido, podía llegar a determinarse la extensión y límites de la misma. Sin embargo, se encontró que no pueden comprenderse de forma independiente y aislada, tanto de las demás subregiones, como de los diversos elementos que moldean la morfología del paisaje, pues frecuentemente están asociadas a otras prácticas de insurgencia, resistencia o activismo. Las cuales, no están autocontenidas ni estáticas, sino que están conectadas e influenciadas entre sí y se asientan sobre las mismas sedimentaciones base.
Por otra parte, las estructuras son todas aquellas instituciones, ideologías, posturas políticas, actitudes, que sirven a la regeneración, reproducción y ampliación de la matriz moderno/colonial/capitalista. Son todos aquellos mecanismos que permiten la estabilidad y permanencia de este sistema, es lo que perpetúa el statu quo. Y por lo tanto, el objetivo de
la actividad sísmica de los movimientos sociales es agrietarla, desestabilizarla, hacer que en ese muro del que hablan los zapatistas en voz del Subcomandante Insurgente Galeano (2015) se mantenga abierta la grieta de la resistencia.
Las sedimentaciones en la región Sur-Sur son todos aquellos elementos que se van asentando en el tiempo y forman el sustrato que soporta y orienta las prácticas en el presente: creencias, formas de pensamiento, saberes, ideologías, cosmogonías, discursos, narrativas, mitos fundacionales, prácticas, paradigmas de la ciencia, imaginarios sociales (Restrepo, 2012), las anterioridades de las que habla Marisol de la Cadena (2007) o como lo explicaba Fernand Braudel, estructuras de larga duración. Estas sedimentaciones son las que mantienen abierta la herida colonial, con diferentes formas y manifestaciones, pero básicamente, con las mismas prácticas colonialistas e imperialistas pero que se identifican como neocoloniales o neoliberales, pero sólo son una nueva máscara de lo mismo, sedimentaciones profundas como el racismo, el patriarcado, el
machismo, el sexismo, el cisgenerismo, el antropocentrismo, el adultocentrismo, el edadismo, el clasismo, el capacitismo, el mercantilismo, el cientificismo, los extremismos políticos y religiosos, entre otros. Son sedimentaciones que siguen marcando el presente, y siguen dejando un profundo dolor y una estela de muerte por donde se manifiestan, pero que en la región telúrica emergen, se cuestionan, se confrontan y cambian los paisajes al remover las estructuras.
La región telúrica, abre la posibilidad de observar y constituir desde lo simbólico, no una, sino muchas regiones telúricas, que incluso pueden coexistir en el mismo espacio de forma simultánea, pues si bien debe situarse espacial y temporalmente, ésta supera su sujeción espacial y física y se anida en los significados, memorias, valores y prácticas culturales de las comunidades que las hacen posibles.
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